`Frió en el alma´

Frío en el alma documenta cómo la ausencia transforma la vida cotidiana. Es un proyecto a largo plazo que, desde hace más de una década, sigue las vidas de madres que buscan a sus seres queridos en México. A través de una narración visual íntima y sostenida, el proyecto documenta el coste humano de la crisis de desapariciones que sufre el país y la resiliencia cotidiana de las familias obligadas a buscar a sus seres queridos desaparecidos ante la falta de una acción estatal eficaz.

El proyecto busca documentar los momentos de silencio y soledad, donde intento evocar el diálogo íntimo entre quien busca y quien falta. 

Sus búsquedas las llevan a través de desiertos, ranchos abandonados, minas y fosas clandestinas donde el crimen organizado ha ocultado los cuerpos de los desaparecidos. A lo largo de años de acompañarlas, he fotografiado no solo el acto físico de la búsqueda, sino también el desgaste emocional y físico que este trabajo supone para quienes se niegan a dejar de buscar.

Durante una marcha de madres en busca de sus hijos el 10 de mayo, Día de la Madre en México, una mujer describió el aislamiento emocional que rodea su lucha: «Lo que más duele es la indiferencia de la gente hacia los desaparecidos. Se siente como un frío en el alma». Esta frase dio nombre al proyecto.

Frío en el alma explora este costo invisible. Los largos viajes a través de paisajes inhóspitos, combinados con años de incertidumbre, producen profundas consecuencias físicas y psicológicas: hipertensión, diabetes, anemia, depresión, insomnio, ansiedad y estrés postraumático. La búsqueda en sí misma expone a las participantes a riesgos ambientales, infecciones, lesiones y agotamiento extremo. Según una investigación de Amnistía Internacional, casi el 80 % de las madres buscadoras informan de enfermedades físicas o psicosociales crónicas relacionadas con su búsqueda.

El proyecto documenta tanto la brutalidad de la búsqueda como las formas de cuidado colectivo que la sostienen. Los colectivos de búsqueda han intervenido para realizar el trabajo que el Estado no ha llevado a cabo: localizar fosas clandestinas, documentar pruebas y preservar la memoria de los desaparecidos. Madres, padres, hermanos y niños se han convertido en investigadores forenses, archiveros y defensores de la justicia.

Fotográficamente, el trabajo se mueve entre espacios domésticos íntimos y los vastos paisajes donde se desarrollan las búsquedas. Las imágenes siguen a las mujeres durante las operaciones de campo, excavando, documentando fragmentos de huesos y marcando los lugares de enterramiento, pero también en momentos de tranquila recuperación, reuniones, rituales espirituales, baños termales y gestos de apoyo mutuo que les ayudan a seguir adelante.

El proyecto también aborda la crisis de las desapariciones en México en su conjunto. Actualmente hay más de 130 000 personas registradas como desaparecidas, mientras que se han descubierto miles de fosas clandestinas por todo el país. Las familias suelen documentar sus propios hallazgos con sus teléfonos y regresan repetidamente a los mismos lugares, enfrentándose a los vestigios físicos de la violencia mientras se enfrentan a la indiferencia burocrática y al fracaso institucional.

Muchos buscadores viven bajo una amenaza constante. Desde 2010, al menos 27 personas involucradas en las labores de búsqueda han sido asesinadas. A pesar de estos peligros, los colectivos siguen organizando brigadas de búsqueda, compartiendo comida, transportando suministros y cuidándose unos a otros sobre el terreno. En sus mochilas llevan guantes, mascarillas, medicamentos y repelente, pero también la frágil esperanza de que algún día puedan encontrar a sus hijos con vida.

Frío en el alma se basa en mi anterior trabajo a largo plazo, Geografía del dolor, un archivo multimedia creado en 2011 que documenta los testimonios de las familias afectadas por la ola de violencia en México tras la llamada «guerra contra las drogas». En aquel momento, las autoridades reconocían la existencia de unas 20 000 personas desaparecidas. Hoy en día, la cifra supera las 130 000.

A lo largo de más de diez años acompañando a madres en busca de sus seres queridos, Frío en el alma se ha convertido en una exploración fotográfica de la memoria, la resistencia y la persistencia del amor frente a la desaparición.